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(40 votos)

  • Nivel: Intermedio
  • Accesorios: Roller
  • Duración: 31 - 45 min

Por Elena Bartley

Cuando conocí a la famosa maestra Romana Kryzanowska, yo tenía 23 años y vivía allá por la Calle 200 del alto Manhattan. Yo estaba muy interesada en que me aceptara como su discípula porque ya me había dado cuenta que la vida como bailarina del DTH (Dance Theater of Harlem), iba a ser, aunque maravillosa, efímera.

Me arreglé muy bien y vestida de blanco, cerré mi departamento y caminé a la estación del metro esa tarde gélida de febrero que me llevaría a conocer a tan distinguida maestra. Todo iba muy bien cuando abordé el subway en Dyckman; incluso iba cómodamente sentada, pero algo sucedió. 

El metro se detuvo a mitad de la estación y nos bajaron por la parte trasera del último vagón en Amsterdam Avenue, que es la Calle 163. Mi cita con Romana era en su estudio de la Calle 57 y la Quinta Avenida, el gran estudio “Drago”.

“Elena, tranquila”, me dije a mi misma al abordar el autobús que nos llevaría desde ahí a la estación que está en la Calle 57 y Broadway; “tienes tiempo suficiente”, me seguí diciendo.

Afortunadamente todo iba bien en el camión, hasta que escuché un ruido terrible, como un disparo o una explosión, donde mi reacción inmediata fue tirarme al suelo. La gente se reía y el chofer anunció que se había pinchado un neumático y tendríamos que esperar al siguiente autobús que debería pasar en 20 minutos aproximadamente. “Imposible”, me dije una vez más; me levanté y limpié mi ropa que apenas se había manchado. 

Ya estaba bajando del autobús buscando un taxi y pensando que lo único que tenía eran 20 dólares en un compartimento secreto en mi mochila. ¿Cuánto me puede cobrar un taxi? Me respondí que no más de 12 dólares. “Adelante”, me dijo entonces esa voz interior que siempre tiene razón y a la que hay que escuchar todo el tiempo, ¿no creen?

El frío de la ciudad de Nueva York es proverbial y para las personas de latitudes más templadas, es una experiencia incluso dolorosa; tal y como lo viví esa tarde de febrero, cuando el viento cortaba como navajas de rasurar sin gel protector y el hielo estaba más resbaladizo que un jabón. Entonces comencé a caminar buscando un taxi, cuando sucedió lo inevitable: resbalé y aterricé en un sucio charco en plena región glútea, que hasta el músculo piriforme se me sacudió.

No sé, algo me pasa frente a la adversidad: Me sale la casta, la enjundia, una obstinación total, que fue lo que me pasó entonces: “Llego porque llego”, me dije una vez más mientras me subía a un taxi que misericordiosamente se había detenido frente a mí.

Cuando llegamos a la Calle 57 y la Quinta Avenida, después de 20 dólares, yo estaba hecha una verdadera sopa, adolorida y descuadrada; con el maquillaje corrido, la ropa negra de suciedad y el cabello deshecho. Pero de eso no me di cuenta, sino hasta después de pasar frente a un asombrado portero que me miró con desconfianza, hasta que se cerró la puerta del elevador.

Llegué al estudio de la reconocida maestra (alumna directa del gran Joseph Pilates) y en cuanto me vi dentro del estudio, algo pasó en mí, no sé; un demonio probablemente llamado Murphy, se apoderó de mi y como yo ya tenía algunas nociones de la técnica, se me hizo fácil colocar todos los resortes del reformer y empezar con el “footwork”.

Así fue justamente que me vio Romana, aunque yo no me percaté de su presencia sino hasta un minuto después cuando ya era demasiado tarde para alegar inocencia o cualquier otra excusa que hiciera que me tomara como su alumna; algo que sabía que era poco menos que imposible. 

Stop immediately” (“Para de inmediato”) me dijo con su particular acento y yo la obedecí, bajándome apenada del reformer. “Who do you think you are?” (¿Quién crees que eres?), volvió a manifestar, usando su voz.

“Soy Elena, tenemos una cita”, le dije después de un silencio angustioso. No sé, algo ha de haber visto en mí, porque lo único que me dijo fue: “You have to take a shower first and for God sake put on some socks if you want to be my student, my dear child” (“Date un baño y por Dios, ponte calcetines si quieres ser mi alumna niña”).

Fue así como empezó una relación que me ha llenado de orgullo y satisfacción desde entonces. Deseo sinceramente que esta pequeña historia sirva como talismán para que el libro de Nando García remonte las adversidades que pronostica la terrible “Ley de Murphy”, y llegué a todas aquellas personas que lo valoren como se merece: Un libro intenso, divertido y escrito con el corazón pilatero que...¡Oooops, se me acabó la tinta!

Atentamente

Elena Bartley

Las Leyes de Murphy del Pilates

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(3 votos)

  • Nivel: Intermedio
  • Accesorios: Ninguno
  • Duración: +45 min

(17 votos)

  • Nivel: Avanzado
  • Accesorios: Ninguno
  • Duración: 31 - 45 min

La historia nos demuestra una y otra vez que si algo puede salir mal, saldrá mal, o que la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla. Pero…¿y si tiramos un reformer por la ventana de un cuarto piso? ¿caería por el lado del carro, de la barra de pies o de los muelles?
 
Es más, ¿por qué a tu aro mágico siempre le falta una esponja protectora? o ¿a qué se debe el hecho de que siempre que estés esperando para realizar una formación específica, ésta se desarrolle el único fin de semana que te es imposible asistir?

Al igual que estos conocidos hechos se han convertido en ley, también lo han hecho las cientos de situaciones reales, y en ocasiones totalmente surrealistas e hilarantes, que los profesores de Pilates nos encontramos día a día durante nuestras clases.

De ahí nace este libro, de la más estricta y rigurosa observación por parte del autor de sus clases, alumnos, profesores y compañeros, y de los hábitos de convivencia en los estudios de Pilates.

Algunas de las “Leyes de Murphy para el Pilates”, son adaptaciones de las ya clásicas Leyes de Murphy; hecho inevitable, pues éstas son formuladas para las personas y los pilateros, salvo excepciones también lo son.

Otras son totalmente inéditas para el lector y representan con absoluta fidelidad, la realidad diaria en cualquier estudio de Pilates de posiblemente cualquier ciudad del mundo.

No obstante, es muy posible que practicantes de otras disciplinas (yoga, BodyBalance®, judo, karaoke; ajedrez sincronizado o incluso parchís en tierra batida), puedan sentirse identificados con algunas de ellas, pues en definitiva todos somos iguales…iguales de maniáticos y de predecibles.

En definitiva y con casi toda seguridad, este libro es la obra que Murphy hubiera escrito si Murphy (o su autor) hubieran enseñado Pilates.

Pero intentemos romper una de las leyes más importantes de Murphy: “Si estás interesado, no sabrás dónde encontrarlo”.

Podemos conseguir el libro en el siguiente portal, aunque bien es cierto que si Murphy quiere, éste no estará disponible cuando pulséis el enlace.

www.lulu.com

Nando García, profesor del método Pilates desde hace más de 10 años, ha dedicado parte de su tiempo (en un deliberado intento de autoconvencerse de no estar loco), a observar sus costumbres y manías, y las de sus compañeros y alumnos, en los más diversos ámbitos de la escena pilatera.

Como resultado de dicha locura de observación, ha dado a luz a una obra en la que recoge de forma inédita una acertada adaptación a las famosas leyes de Murphy del Sr. Athur Bloch en el amplio ámbito del Pilates; y en muchas de sus parcelas, como son los alumnos, los profesores de Pilates, las explicaciones, y un largo etcétera a través de más de 500 leyes brutalmente reales. Esta otra ha sido prologada por Elena Bartley, maestra internacional de Pilates de segunda generación, maestra de maestros y alumna directa de la gran Romana Kryzanowska.

blog2

31/10/16

Reformer en el Mat

Instructor:
(17 votos)

  • Nivel: Avanzado
  • Accesorios: Ninguno
  • Duración: 31 - 45 min

(5 votos)

  • Nivel: Intermedio
  • Accesorios: Ninguno
  • Duración: +45 min

(9 votos)

  • Nivel: Avanzado
  • Accesorios: Pelotas
  • Duración: 11 - 30 min

(6 votos)

  • Nivel: Básico
  • Accesorios: Ninguno
  • Duración: 31 - 45 min

(15 votos)

  • Nivel: Básico
  • Accesorios: Ninguno
  • Duración: 31 - 45 min

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